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Straight Up – Luis J

Protagonistas de la película, Todd (James Sweeney) y Rory (Katie Findlay). (Suministrada)

por: Luis J. Cruz

Modesto homenaje a Pauline Kael

James Sweeney- director, productor y actor

Katie Findlay -co-protagonista

Hoy, como ejemplo del deterioro cultural de este siglo y como sutil y cariñoso rechazo a la “generación del vacío” (como le llamara a los Milenios, un filosofo francés), me toca iniciar (acompañado del educado ojo crítico del amigo Raúl Garriga) esta sección con unos comentarios sobre una película, escogida al azar, titulada “Straight Up” para cuyo título no he encontrado traducción que me convenza.

James Sweeney (su joven director) proviene de las filas del cortometraje. Su corto “Normal Doors” contiene la génesis “filosófica” de su primer largometraje y no deja de ser un elogio a su consistencia y determinación. Casi siete años de su apurada juventud le tomó el poder ver en la pantalla grande (y en la pequeña también) los resultados del psicoanálisis al que se somete, de manera subrogada, a través del protagonista (Todd), papel que desempeña el mismo director.

La historia es simple pero curiosamente asexuada en términos visuales. Sucede en este apurado siglo y trata del conflicto de un joven gay con su sexualidad. En la búsqueda de un YO que lo elude encuentra a Rory; la chica (vieja formula cinematográfica). La pulida actuación de la joven canadiense Katie Findlay, da vida a un personaje que queda excelentemente descrito por una de sus frases: “Los Milenialls sobre-compartimos porque somos la generación más impía, por eso confesamos todo en las redes sociales; es una forma de aferrarnos a algún tipo de permanencia”. Rory es la perfecta contrafigura para Todd.

Ambos cultivan un diálogo cargado de referencias literarias y cinematográficas, en rápidos disparos que pretenden ser ingeniosos y cultivados (y a veces lo son) y que resultan útiles para destacar, aun más, el vacío existencial de ambos.

La actriz canadiense, Katie Findlay. (Suministrada)

Si le añadimos la frase con la que comienza la cinta, pronunciada por el protagonista, “Desearía no tener ningún agujero; si no tuviera que preocuparme por las cosas que entran y salen de mis agujeros, la vida sería mucho más fácil,” es obvio que una neurosis generacional relacionada con la identidad sexual (y los hábitos alimenticios) arropa a este personaje y provoca nuestra compasión.

La cinta está descrita como una “comedia romántica” y la pasión por el cine de su director está mejor descrita en una de las escenas cuando Todd y Rory acuden a una fiesta donde los invitados deben ir ataviados de la misma forma que los personajes de sus películas favoritas. En este caso nuestros protagonistas escogen la pareja que formaran Paul Newman y Elizabeth Taylor en la memorable versión fílmica de “La Gata sobre el tejado de zinc caliente”, basada en una obra de Tennesse Williams y dirigida por Richard Brooks en el 1958.

Las muletas en las que se apoya Tood (rememorando las que el personaje de Newman utililzara) son una clara metáfora de su minusvalidez espiritual y del apoyo que Rory le brinda ofreciéndole una heterosexualidad que el se ve imposibilitado de aceptar.

El director y actor principal, James Sweeney. (Suministrada)

Los referentes claros del joven director, en mi opinión, son tan lejanos como evidentes: “Annie Hall” de Woody Allen (1977) y “When Harry Met Sally” de Bob Rainer (1989).

En una de las mejores escenas de la película, la madre de Todd cuyo nombre, Topanga, no está escogido al azar, le recuerda a su confundido hijo que “hay cosas en la vida que son mas importantes que la felicidad personal.” Certero epitafio para el fin de una generación.

Puntuación: Tres coquíes y medio (más que nada para su director por no abandonar sus sueños)

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